Cecilia Trejo
Les quiero contar mi experiencia. En 2025, perdí a mi hija. A partir de ese momento me hice cargo de mi nieta de diez años. Ella venía con maltrato y con un diagnóstico de deficiencia intelectual leve, con gabinete completo y acompañamiento escolar tres veces a la semana, y con ideas en su cabecita de que si no había pelea no había amor. Comencé la formación para poder acompañarla adecuadamente mientras transitabamos nuestro duelo ahí entendí algo clave: mi nieta nunca tuvo una discapacidad, lo que tenía era mucho dolor, mucho miedo y nadie que le pusiera límites con amor. Fué clave en esos momentos muy difíciles haber buscado ayuda ya que pude organizar paso a paso la ayuda que mi nieta necesitaba. Aprendí a respirar, a dar soluciones, a poner límites con dulzura. Hoy, a un año, puedo decir que mi nieta va a quinto grado sola, ya no tiene fonoaudióloga ni psicopedagoga ni acompañante escolar, solo la psicóloga por el duelo de su mamá.
En la formación aprendí a acompañarme mientras acompaño a los que amo y a no bajar los brazos aunque duela. Y lo más importante que aprendí: no se le pone un rótulo a un niño y se lo deja ahí; acompañándolo correctamente podemos sorprendernos de la capacidad que realmente tienen y que un diagnóstico apresurado o llevado sin tener en cuenta el contexto puede limitar. Con amor, con paciencia y sin rendirme en esta formación aprendí lo que necesitaba para salir adelante.